martes, 20 de abril de 2010
El vocablo de «moderno» viene a expresar lo nuevo, lo reciente, lo contemporáneo. Es un término que nos gusta, que nos vincula de alguna manera, y ello puesto que lo somos. Sí, somos modernos. Es algo que creemos sin ninguna duda. Y no, no es mi intención romper con dicha concepción. No hace falta decir que, en efecto, somos modernos y vivimos en la contemporaneidad. Vivir en lo nuevo, en lo moderno, en la modernidad, hace que veamos el pasado como antiguo. Una antigüedad a modo de antítesis de lo nuevo. Vemos ese pasado como algo caduco, algo que ha llegado a su fin. Un fin que, al fin y al cabo, perdura en nuestros días, pero con distinta apariencia. Puede parecer paradójico hablar de un fin cuando en realidad no hay final, puesto que la vida es continua y el tiempo es imparable. Pero apreciamos lo antiguo como finalizado, como antesala a la modernidad, a la contemporaneidad.
Pero esa "gente", que algunos llaman nuestros antepasados, y a los que se les tilda de antiguos, de gente caduca, también fueron modernos. Si bien es cierto, no obstante, que las concepciones y las mentalidades cambian y que, probablemente, no se concebían tal y como hacemos ahora nosotros, lo cierto es que, objetivamente, lo eran. Pero es que además, y dada la posibilidad de que no se considerasen modernos, sí que se concebían como contemporáneos, como gentes de su tiempo y de su presente. Vaya, o eso creo. Lo cierto es que, tal vez, sea victima del tan temido etnocentrismo, pero, ¿no es, el poder hablar de pasado y futuro, una de las características de nuestra especie? Una especie con muchos colores, pero una misma especie. Y una especie, ante todo, con muchísimas formas de cultura, de sociedad, de formas de vida puesto que la diversidad se mide a nivel cultural; es muchísimo mayor que la diversidad de tonalidades en el color de piel.
Volviendo un poco a la línea argumentativa, lo cierto es que a los que nosotros llamamos antiguos, también fueron modernos. Válgase el ilustre ejemplo de los renacentistas. Aquella gente no mentía, eran modernos. Incluso cuando hablamos de los períodos históricos. La gente medieval no estaba en medio, sino al final, al final de una línea temporal que es continua, al igual que estamos nosotros ahora. Más curioso es el caso del período que consideramos moderno o incluso al que consideramos contemporáneo, al nuestro. Nosotros pues, ¿nos consideramos modernos o contemporáneos? Considero que ambos, pero poco tenemos que ver con los supuestos modernos de los siglos XVI, XVII y XVIII, y muy poco, también, con los supuestos contemporáneos del siglo XIX. Sí, fueron contemporáneos y también modernos, pero... desde nuestra concepción, no es así. Es necesaria, pues, una reorganización, un retoque a esas terminologías huecas. O bien se hace la periodización desde nuestra perspectiva, esto es, ver las cosas anteriores a nuestra modernidad como antiguas, o bien desde su perspectiva. Si elegimos la primera opción, podríamos aceptar las nociones de edad antigua y medieval, pero no las de moderna (podríamos perdonar la de contemporánea...). Si eligiéramos la segunda, todo sería moderno, de eso no hay duda. Así que, ¿qué podríamos hacer? Yo optaría por la primera, retocando las terminologías de moderna y contemporánea. La segunda opción no es nada viable, puesto que, al fin y al cabo, es necesario periodizar, trocear la historia.
Este blog pues, tendrá la ardua misión de hablar, divagar, sobre esa antigua modernidad, esto es, sobre el pasado. Pero no el pasado que vivieron aquellos que se consideraban contemporáneos, modernos, sino el pasado que nosotros vemos, como modernos, de aquella antigüedad.
4 comentarios:
Como siempre te mereces la mejor puntuación posible. Cada vez que leo algún comentario tuyo me sorprendo y maravillo. Me siento una privilegiada por compartir contigo el resto de mi vida, aunque casi me intimidas...pronto te convertirás en mi enemigo en cuestiones narrativas.
Tu eres el dios de la historia moderna!!!! ajajajaja
Por supuestisimo que me hago seguidora de lo que estoy segura que sera un gran gran blog, de historiadora a historiador^^
un beso charly!! :)
Prácticamente seis siglos nos separan de un grupo de petulantes nuevos letrados que decidieron llamar antiguos a unos y modernos a otros. ¿Basándose en qué? Quizás en la moda de amar lo “antiguo”, en la de rechazar lo ordinario y en la de singularizar-se. Pero de hecho, en todas estas ideas reina el gran problema que ha perseguido a la contemplación de la historia hasta nuestros días, y es que todas ellas se fundamentan des de una propia percepción. Un subjetivismo que aunque no queramos nos acompaña, pero que debemos mitigar al máximo para liberar-nos de su carga. I creo que un buen primer paso es deshacernos de las ideas de antiguo o de moderno. Soy consciente de que si miramos atrás hasta los renacentistas (por poner un ejemplo), podemos hablar de su modernidad pero respecto a la propia subjetividad de la época y no des de la nuestra propia, ni de la global. Volviendo rápidamente a la clasificación fragmentaria de la historia que hemos heredado de ese grupo, quizás se basaron, y nos basamos en la actualidad, en la idea de los poderosos ciclos, en el de la ida y la vuelta, el blanco y luego el negro. Sí, es necesaria una clasificación (de hecho la clasificación viene de serie con nuestra naturaleza humana) que muchas veces viene condicionada por estos ciclos, pero yo digo que todo tiene un ciclo sí, pero que éste está en constante expansión.
SGRK
No creo que exista demasiada diferencia entre aquellos hombres del Renacimiento y nosotros, o cualquier otra persona que haya vivido a lo largo de la historia. Al menos no existe en el hecho de que, ellos, en algún momento, fueron los modernos, los contemporáneos y tuvieron unos antepasados. Ellos fueron los últimos de una línea temporal continuada: estaban donde nosotros estamos ahora. Evidentemente, hubo muchos motivos que llevaron a esos hombres a estar orgullosos de ser los modernos, además de propagarlo con tanta facilidad. Pero no se trata de eso. De hecho, la historia nos enseña que, en muchas ocasiones, preferimos elementos antiguos a modernos. Pero la clave está en que toda la humanidad fue contemporánea o moderna en algún momento, y, desde su perspectiva, tuvieron unos antepasados a los que se calificaría de antiguos.
Como bien argumentas, el subjetivismo nos acompaña a la hora de hacer historia, y nuestra perspectiva también lo hace. Ello es totalmente inevitable. De hecho, nosotros no estudiamos el pasado tal y como fue, no estudiamos lo que ocurrió en realidad. Lo que hacemos es reconstruir unos hechos pasados determinados, los cuales nos han llegado mediante unas fuentes concretas. Se nos escaparán muchísimos elementos, de eso no hay duda. E incluso tendremos muchas erratas y muy malas interpretaciones. El pasado que nosotros estudiamos es un pasado moderno, puesto que es fruto de una perspectiva y de unas fuentes que han llegado hasta nuestros días. El objetivo del blog es precisamente trabajar, no con el pasado que vivieron aquellos contemporáneos, sino con pasado que nosotros vemos, como modernos, de aquella antigüedad.
Para que un trabajo historiográfico tenga rigor científico, tenga la máxima objetividad posible, se debe seguir una metodología concreta. El utilizar un buen método nos permite acercarnos, con mucha más seguridad, al auténtico pasado que vivieron aquellos contemporáneos. Se trata de una auténtica objetividad subjetivada, como en toda ciencia humana, pero contra ello sólo podemos luchar haciendo las cosas lo mejor posible, siguiendo siempre unas directrices que nosotros, como humanos, llamamos científicas.
La historia, la vida, es un constante flujo. Lo que ahora es moderno acabará siendo antiguo, e incluso lo que ahora se considera antiguo, puede que en un futuro sea moderno. Pero lo cierto es que, nosotros, partícipes de la imparable línea continuada del tiempo, acabaremos formando parte del pasado, de la historia, de la antigüedad, que algún historiador, moderno y contemporáneo, estudiará.
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